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ENFOQUES

Indignados ante la injusticia y el dolor

El gol. Desde que uno nace, en Uruguay, es común escuchar que el gol es el cambio táctico por excelencia. El director técnico puede planificar un partido, pero si a los dos minutos te metieron un gol, lo planificado no sirvió para nada. Algo así ocurre cuando uno dicta cursos o brinda conferencias. Podemos llevar una presentación con los mejores gráficos y videos, podemos estar guionados y con la lección aprendida, pero cuando termina la exposición y se ingresa al espacio de preguntas, todo puede pasar.

20/7/2019


Marcel Lhermitte

Magíster en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales

Hace unos días dicté una clase en una maestría de una universidad madrileña. Expuse sobre mi experiencia personal en las campañas electorales en América Latina con la aclaración inicial de que estas no pueden entenderse como si se tratara de un único país, pues tienen idiosincrasias diferentes, actores políticos con características distintas y reglamentación electoral que varía en cada nación.

Luego de hacer un recorrido “campañero” que fue desde Tierra del Fuego hasta Tijuana, llegó la ronda de preguntas. Todo venía bien, hasta que una española que trabajó en América Latina preguntó qué es lo que hace que los latinoamericanos participen más activamente en la sociedad civil organizada que los europeos. Luego de meditar un segundo respondí: la indignación, la injusticia y el dolor.

Si analizamos cuáles son las organizaciones sociales más fuertes de España encontraremos a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). No hay duda de que la vivienda es un gran problema, especialmente en Madrid y Barcelona. Los alquileres son abusivamente caros y hay muchos pisos en manos de bancos y fondos buitres, lo que aumenta aún más los costos y los desahucios. Al ciudadano no le queda más remedio que unirse para buscar soluciones.

Ahora, no existe duda de que en América Latina hay otras carencias que hace que los pueblos se rebelen, se organicen y busquen incidir en la política. Los movimientos campesinos, colectivos de trabajadores, estudiantes, indígenas mal llamados minorías; los sintierra, los sintecho, los ambientalistas, son solo una muestra de ello; personas que se rebelan ante la injusticia.

Pero esta teoría no se aplica en el campo de los derechos humanos, en la memoria histórica de los pueblos y en los delitos de lesa humanidad. No puede decirse que los países latinoamericanos hayan sufrido más las dictaduras cívico-militares de lo que España padeció el franquismo. En España no hay una Marcha del Silencio como la uruguaya; tampoco colectivos como las Abuelas de Plaza de Mayo, ni colectivos que luchan por llevar ante la justicia a los responsables de delitos cometidos en dictadura.

La indignación, la injusticia y el dolor son un factor para organizarnos en movimientos sociales, pero al igual que en las campañas electorales y en la vida, las fórmulas exactas no existen.