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MARTES 19

de noviembre de 2019

RECURSOS HUMANOS

El regalo de la felicidad

9/11/2019


María Inés Bayas

Coordinadora de los Posgrados de Filosofía en la Universidad de Piura

Hoy se habla mucho de la felicidad y decenas de best sellers en los estantes de la mayoría de librerías nos prometen enseñarnos cómo alcanzarla. A veces incluso se muestran los pasos, como si de un recetario se tratara. 

Es fácil para cualquier persona darse cuenta de que eso que promete el recetario no puede ser la felicidad.

Sobre la felicidad humana a veces conviene hablar más bien negativamente: cuando estamos en la oscuridad sabemos que allí no hay luz, cuando vemos lo que nos denigra, lo nos que daña, sabemos que eso no es lo que buscábamos.

Creo que tal vez es ese el sentido de aquella frase, actual y un tanto enigmática, de Simone Weil: “No podrías haber nacido en mejor época que esta, en que todo se ha perdido” (S. Weil, La gravedad y la gracia). La infelicidad casi generalizada nos obliga a replantear nuestras actuales nociones de éxito y bienestar, nos impulsa a buscar de nuevo, en otras partes quizás, aquello que pueda corresponder a nuestro anhelo.

Sin embargo, aquí aparece enseguida una paradoja, pues nos percatamos de que a fuerza de buscar la felicidad, esta más bien se nos escapa.

La felicidad se esfuma cuando se pone como finalidad directa de nuestras acciones.

La felicidad es más bien un fruto, algo que resulta de la vida buena. Y la vida buena, como vio Aristóteles, es sencillamente la vida virtuosa, la vida lograda, aquella vida en la que se ha sabido integrar libertad y bien. O en palabras de S. Weil: “El mal imaginario es romántico, variado; el mal real, triste, monótono, desértico, tedioso. El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso, embriagante”. (S. Weil, La gravedad y la gracia).

Vivir intentando hacer todo el bien que podemos es nuestra felicidad, aunque caigamos mil veces o pasemos desgracias. Porque esa es la vida que más se parece a aquello que nuestro corazón realmente desea. El dinero, el honor, los placeres, la salud y energía, la fama o la combinación de todo ello puede parecernos la felicidad; sin embargo, como ya lo mostró Aristóteles, ninguna de esas cosas puede corresponder con nuestra finalidad última. La felicidad es un regalo que se brinda cuando se hace el bien por el bien mismo y cuando, además, se lo hace constantemente hasta que ello se convierte en una forma de vida.

En cambio, si intentamos obtenerla por la fuerza y a cualquier precio, nos abocamos al fracaso vital.

Afortunadamente, el corazón sabe siempre cuando ha conseguido tan solo una mala copia. Y le será natural, entonces, seguir buscando.