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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 22

de octubre de 2017

UNA MIRADA DETRÁS DE LA EDICIÓN

El lenguaje inquieto

La lingüista y docente universitaria Sofía Rodríguez Barrios ha publicado recientemente el libro Manual de corrección de textos, en el que da valiosos alcances sobre el quehacer del pulido de las publicaciones.

13/8/2017


César Linares

alinares@editoraperu.com.pe

–¿Qué la animó a publicar esta obra?

–Llevaba tiempo postergando esa labor. Muchos de los textos los tenía en apuntes de clases, en fichas, en borradores; algunos ya no estaban vigentes, había que actualizarlos y documentarlos con bibliografía, como debe ser. Mi colega y amiga Alessandra Canessa me animó a hacerlo. Me dijo que con todo lo que yo sabía y con mis apuntes resultaría un manual muy útil. Otra persona que influyó en mi decisión fue Juan Manuel Chávez, escritor y corrector, para quien los saberes deben plasmarse en libros.

–¿A quiénes está dirigida esta obra?

–Este es un libro de consulta, escrito en un lenguaje sencillo. No es un manual de ortografía ni de gramática, aunque contiene esos temas. Mi propósito es que las reglas se entiendan y que el usuario sepa aplicarlas en el momento adecuado, en el momento de la duda.

–Además de este manual, ¿hay otros esfuerzos editoriales por hacer visibles las normas peruanas?

–Mi manual de corrección es para textos en general, pero enfatizo en la norma lingüística peruana y lo que requiere el corrector peruano para corregir textos peruanos. Me preocupan el desconocimiento y la falta de preparación de las personas que desdeñan el castellano peruano y optan por normas foráneas, como las ibéricas, por ejemplo. Mi interés es que en nuestras publicaciones se refleje el orgullo que sentimos por nuestras palabras. Hay diccionarios de peruanismos, como el de la Academia Peruana de la Lengua, y libros como los de Martha Hildebrandt, de consulta obligatoria. Lo que ocurre es que esas obras describen la expresión oral y los profesionales de la corrección trabajamos sobre lo escrito, los textos escritos.

–¿Por qué es trascendental la labor del corrector?

–La corrección es importante en el proceso editorial porque se requiere una lectura previa del texto, libro, revista, afiche, manual, receta, etcétera, que se publicará. Esta lectura incluye no solo la corrección ortográfica, como piensan muchas personas, sino también un trabajo integral que hace posible que el lector reciba un mensaje claro y lo más fiel posible a la intención del autor. El oficio de la corrección es especializado, requiere preparación constante, años de estudio, que aunque autodidacta, no debe ser mediocre.

–¿Cuáles son los mitos que atentan contra el reconocimiento de este oficio?

–El principal es ese que nombré primero: que los correctores solo arreglan la ortografía. Esta es una falsedad del tamaño del universo. Para la ortografía están los programas informáticos, pero estas herramientas no piensan y no pueden resolver problemas de redacción, de sintaxis o de ambigüedad. Solamente el corrector humano tiene criterio y cultura general para tratar un texto antes de su publicación. Otro de los mitos que nos hacen daño es ese que se ha difundido en diarios y revistas. Piensan que con contratar a “buenos redactores” se ahorran el gasto en corrección. Ignoran que todo texto debe ser tratado por un profesional de la corrección, ya que quien escribe –por más que redacte bien– pierde objetividad y no analizará lo que ha escrito. Los correctores de textos somos personas entrenadas para detectar errores y erratas; cualquier lector no tiene ese entrenamiento. Y he aquí el tercer problema, el peor de todos: se cree que cualquier persona puede corregir. Incluso hay editoriales que encargan la corrección a estudiantes o a aficionados para ahorrar costos, pues saben que un profesional no aceptará tarifas ínfimas porque lo respaldan sus años de experiencia.

–¿Qué es un manual de estilo?, ¿por qué es necesario?

–Toda organización que publique textos requiere un manual de estilo, obra que se compone de normas cuya finalidad es lograr la uniformidad. Son una necesidad no solo para los diarios y las revistas. Las publicaciones académicas de diversas disciplinas como el derecho, las ciencias sociales, las ciencias económicas, entre otras, requieren atenerse a una guía interna de trabajo. No basta con consultar los libros y diccionarios de la RAE, ya que no resuelven dudas editoriales.

El corrector y el respeto

Sofía Rodríguez Barrios no se considera defensora del idioma, pues eso no tiene sentido para ella. “Soy una profesional que apuesta por la calidad de las publicaciones. Creo en la corrección de textos como un oficio para limpiar los textos escritos, con dos premisas: respeto por el autor y capacitación permanente”, asegura la especialista.

“Quien se cree coautor, no es corrector; quien cree que lo sabe todo y no estudia, debería dedicarse a otro oficio”, asevera. El profesional de la corrección se encarga, desde su punto de vista, de los textos escritos, ni por asomo corrige el habla de las personas.

Tampoco califica o margina a las personas por sus competencias escriturarias porque sabe que las oportunidades de educación son muy diferentes. Otra consejo que da es que no se vea al libro de estilo como un “tótem”.