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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 20

de agosto de 2017

PERFIL

El guardián de la soledad

En febrero, el primer actor nacional Edgard Guillén calzará los 79 años. Quien llevara por 20 años los unipersonales en el “Teatro en mi casa” ahora presenta por escenarios no convencionales la obra Ricardo III en formato de “teatro delivery”.

12/1/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Foto: Melina Mejía

1. 

Insoportable. Talentoso. Misántropo. Autogestionario. Anticlerical. Mistiano. Humano. “Nunca he buscado ser un actor mediático, ser Melcochita. He elegido a grandes autores siempre y he hecho lo que he pensado que estaba bien”.

En los 57 años que lleva como hombre de tablas, Edgard Guillén se ha peleado con varios periodistas. Y, de darse el caso, volvería a botarlos de casa. Los fólderes de recortes también hablan de los aplausos cosechados por su talento. En el libro Memoria de mi memoria (2009) reúne años, fotos, entrevistas y críticas a su trabajo.

El crítico Hugo Salazar del Alcázar, por ejemplo, escribía sobre la singular exploración solitaria de este actor: “No creo que Guillén plantee una integración entre el arte y la vida. Pienso que en su caso, la una es consecuencia de la otra y viceversa”.

–¿Qué une al jovencito que debutó el 7 de octubre de 1960 en el teatro de la AAA con el hombre que visito hoy?

–No sé ni me interesa. Queda este viejo de casi 79 y que sigue sin entender por qué abrazó y amó tanto esta entelequia que es el teatro. Queda eso y la terquedad de querer seguir haciendo teatro y haber dejado todo por él.

2.

Los silencios se posan entre la escalera y la sala de su morada, en Pueblo Libre, donde vive desde 1959. Una lágrima se asoma impía: en estos días, Guillén está “particularmente sensible”. Va a calzarse los 79 años, edad en la que su padre, Leonidas, murió. Y en estos meses acaba de tener “tremendas pérdidas”. “Mi corazón está muy bien, pero si me toca, me toca”, dice sosteniendo una copa de vino, hojeando una revista.

En diciembre falleció su amiga, la actriz Marta Sánchez Aizcorbe, esposa del dramaturgo Alonso Alegría; y en octubre, Mario Delgado, director del grupo Cuatrotablas, a quien le unía “un inmenso afecto”.

Con él hicieron esa locura definitiva para su carrera, Los viejos papeles (1983). Trabajaron a diario, durante meses. Guillén desplegó sus herramientas del método del director ruso Konstantín Stanislavski.

“Habíamos creado una dramaturgia robando textos de Chejov, de Shakespeare, y textos propios, era la confrontación de un actor que ya no quería hacer vetustos roles y su director. Era solo el interés de experimentar. Luego empecé con los unipersonales.”

Edgard muestra el pecho a la muerte y cuelga los reconocimientos del Congreso en el baño. Le llena de ira lo que puedan hacer tras su deceso. “A Mario Delgado lo velaron en el Museo de la Nación como un favor. Yo no quiero que ninguno de estos infelices [los políticos] haga el favor de enterrarme, ni que me velen en ningún museo. No quiero nada con el Estado, que nunca se preocupó por la cultura ni el arte, jamás”.

–¿Y qué piensa del país?

–El Perú no tiene remedio en años porque estamos sujetos a esta gente de mala leche y a la corrupción. Los congresistas confunden educación con cultura. No saben que la cultura es fruto de la inteligencia y la sensibilidad del ser humano, y que se manifiesta por medio de las artes y las letras.

3.

Dos décadas se valió del boca a boca para hacer aquí “Teatro en mi casa” jueves, viernes, sábado y domingo. En la sala donde ahora la gata ‘Misha’ ronronea había cuarenta sillas. Frente a ellas, se transmutaba en personajes de Chejov, Shakespeare, Goethe.

“¡Fueron 20 años! Ya es excesivo, un gobierno solo dura cinco años”, dice Guillén, quien muestra uno de sus secretos: los dibujos que había hecho antes de decidirse por las tablas.

Hace más de dos años el actor y director anunció por redes sociales sobre su nueva etapa haciendo “teatro delivery”. Tuvo eco. Empezaron las llamadas, los mensajes al inbox. Inclusive volvió, después de años, a su ciudad, Arequipa.

A sus años, subirse y protagonizar Ricardo III, de Shakespeare, es como jugarse un partido de fútbol, por lo extenuante del esfuerzo físico y fuerte del mensaje de la obra, pero lo hace con el mayor placer. El texto es una traducción de Alonso Alegría, y la adaptación, del propio Guillén.

Lo personifica con un atuendo minimalista y una corona hecha de deshechos metálicos. Para Guillén, la imagen del rey deforme Ricardo III “está vigente”. “Es el tipo cínico que quiere caer simpático y quiere, en mi adaptación, hacer cómplice al público de cómo mata a sus sobrinos y a su mujer para llegar al trono. Y su muerte es atroz”. 

Datos

Guillén ha participado en 19 festivales mundiales de teatro.

Desde la década de 1960 integró los grupos Alba, TUSM, Histrión, El Tábano, Tarsila Criado y Cuatrotablas, entre otros.

Elaboró trabajos de laboratorio teatral junto a Sarah Joffré, M. Delgado y Walter Ventosilla.

Para “teatro delivery”, juntar de 15 a 20 personas y contactarse por inbox mediante la cuenta Facebook del artista.

57 años como actor y director celebrará el 7 de octubre.