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JUEVES 5

de diciembre de 2019

REPORTAJE GRÁFICO

El gol del cascabel

Se llama goalball y es un deporte diseñado para personas invidentes. La selección peruana será la anfitriona en los Parapanamericanos de Lima 2019.

28/6/2019


Luis Iparraguirre

liparraguirre@editoraperu.com.pe

Texto y fotos

Imagina tener la precisión y la fuerza para lanzar un balón con las manos y que ingrese en un arco custodiado por tres defensores. Imagina ser uno de esos defensores y tener que lanzarte rápidamente en la dirección del balón, cual arquero felino, para evitar el gol.

Fuerza. 

Precisión. 

Destreza.

Ahora, imagina que eres ciego. ¿Difícil? Pues no lo es para el equipo peruano de goalball que nos representará en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019.



Deporte imberbe

El goalball es un deporte joven. La primera vez que se disputó en unos Juegos Paralímpicos fue en Toronto 1976, aunque solo a modo de exhibición. Su inclusión definitiva se produjo cuatro años más tarde en Arnheim, para la categoría masculina; y en Nueva York y Stoke Mandeville, en 1984 para la femenina. En el Perú recién se juega desde hace tres años y aún no es un deporte federativo.

Daniel Aparicio Olivo es el entrenador de nuestra selección desde que el goalball es un deporte oficial en el Perú. “Han mejorado mucho en la parte técnica y en la parte física. Hay motivación, entusiasmo y compromiso para afrontar los Juegos Parapanamericanos”, opina.

¿Cómo se juega?

En este deporte se enfrentan tres jugadores por equipo. Como hay escalas de ceguera, todos los jugadores portan un antifaz que cubre sus ojos para estar en igualdad de condiciones.

Un partido oficial consta de dos tiempos de 12 minutos cada uno, con un intermedio de 3 minutos. El entrenador puede pedir hasta 4 tiempos técnicos de 45 segundos.

La pelota tiene ocho agujeros por donde sale el sonido de un cascabel que está dentro del balón. Es gracias a este sonido que los jugadores pueden deducir por dónde viene la pelota y así impedir el gol.



Nuestro capitán

Jorge tiene 30 años y es el capitán de nuestra selección. A los 18, mientras usaba una computadora en casa de un amigo, vio cómo una mancha roja cubría su visión. Pidió ayuda a su amigo y este lo llevó a casa, donde estuvo encerrado por dos días sin probar alimento. “Tenía miedo, vergüenza: estaba completamente ciego”, comenta aturdido por los malos recuerdos.

A Jorge lo operaron y es así como recuperó algo de la vista. Su mamá buscó ayuda en un centro de rehabilitación y es allí donde conoció el goalball. “Pasé por un período de tristeza porque me cambió el mundo. Pensé que era el fin de mi vida hasta que descubrí este deporte”, comenta. En su adolescencia, Jorge fue atleta, gimnasta, practicó el capoeira y, por su fuera poco, fue bailarín de break dance.

Deportista apasionado

Juan Julca también integra la selección. A sus 18 años, este amazonense, penúltimo de siete hermanos, confiesa que su padre no quería que estudie. “Me decía que mejor solo esté en casa, que él me cuidaría. Fue mi mamá quien hizo todo el esfuerzo para que termine el colegio y fue gracias ella que me mudé a Lima para estudiar en un colegio especializado en personas invidentes”.

Juan sintió el bajón propio de cargar, desde su nacimiento, con una incapacidad. “Mi vista es limitada, por eso mis amigos de Amazonas me hacían bromas pesadas como hacerme patear una pelota que en verdad era una roca o me invitaban caramelos que eran piedras. La verdad es que yo también me reía, pero prefería jugar con las tablas de mi caserío o restos de madera y arcilla”.

Y todo cambió cuando conoció el deporte: “Para mí, el deporte significa pasión. Con este deporte, los ciegos demostramos que podemos dar más de lo que se cree”, dice entusiasta.



Profesional en las canchas

Ronald Geldres tiene 25 años y es ciego desde los 4 meses, cuando le extirparon tumores de los ojos. “Gracias a Dios tuve la ayuda de mis papás. Ellos me inculcaron a no rendirme. Gracias a esos valores, decidí seguir estudiando”, afirma. Sus ganas de salir adelante lo llevaron a ingresar a la universidad para estudiar Terapia Física y Rehabilitación.

“Mi familia me apoya. Me alienta. Me preguntan cuándo sale la lista de convocados y se muestran ansiosos. Yo solo quiero dar todo por el Perú. Sé que hay un gran nivel en países que practican más años que nosotros, pero igual daremos lo mejor para ganar una medalla”.

Al terminar el entrenamiento todos se van a las duchas y luego a sus casas. En el camino, se les ve caminando despacio, pensando en cada paso que dan, ayudados por un bastón o dirigidos por lazarillos que cuidan su camino. Y se les ve tan diferentes a los atletas que estaban, segundos antes, en plena efervescencia. Viven en la oscuridad, pero encuentran, en el goalball esa luz que llena sus vidas de colores.