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MIÉRCOLES 18

de setiembre de 2019

JUAN MANUEL UGARTE ELÉSPURU

Artista polifacético

Hace algunos sábados volví –sabe Dios después de cuánto tiempo– a la antigua calle de La Amargura (novena cuadra del jirón Camaná), donde siempre encuentro un buen libro que, por los imponderables de la vida, no pude leer en su momento. Esta vez me topé con el volumen titulado Lima incógnita, obra magistralmente narrada e ilustrada que muestra la Lima del pasado. Su autor, Juan Manuel Ugarte Eléspuru, además de notable pintor, historiador y escritor, fue un limeño de esos que ya no existen: gentil, elegante, pícaro y enamorado de su ciudad. Recordarlo siempre será gratificante.

23/4/2017


DOMINGO TAMARIZ LÚCAR

Periodista

Juan Manuel Ugarte Eléspuru nació en Lima el 11 de mayo de 1911 en un hogar bendecido por la fortuna. Sus padres fueron Alejandro Sixto Ugarte Álvarez y doña Zoila Luz Eléspuru Pérez.

Inició sus estudios en el colegio de La Recoleta, y a los 11 años –cosa inusual a esa edad– decidió ser pintor. Él mismo lo recordaba así: “Un día entré al salón de mi casa y había una estatua de un minero picando una mina, y con un papel lo copié. Entonces toda la familia se alborotó: ‘Es el tío Pancho’, dijeron todos, refiriéndose al tío bisabuelo Pancho Laso”. A partir de entonces y hasta el final de sus días, la pintura atesoraría sus más dorados sueños.

En 1921 viajó a Europa con su familia, y en esa suerte completó sus estudios escolares en Berlín y Madrid, pero sin dejar su vocación por el dibujo. Siete años después se trasladó a Buenos Aires, donde lo esperaban su madre y dos hermanos. Sus padres habían decidido –cosa tradicional en esa época– que estudiara Derecho.

Contaba 17 años de edad cuando empezó a estudiar los dos años previos requeridos para la carrera de Derecho en la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, pero él confesaría en una entrevista periodística, muchos años después, que las clases eran aburridísimas y que sin que lo supieran sus padres se había matriculado en la Escuela Municipal de Arte de la ciudad de La Plata, donde estudió cuatro años y sacó el título de profesor de dibujo.

Ugarte Eléspuru reveló entonces que cuando su padre se enteró, le dijo: “Hijo mío, cada cual tiene derecho a elegir su hambre. Tú quieres ser artista; allá tú”. Y aunque su progenitor creía que un artista era un bohemio sin oficio ni beneficio, no solo no se opuso, sino que lo siguió ayudando, incluso en los tres años que vivió en Chile, donde expuso por primera vez (1939).

Al año siguiente retornó al Perú. En Lima desarrolló una intensa labor docente en planteles escolares y dictó gran cantidad de conferencias. En 1944 ya era el profesor de composición de la Escuela de Bellas Artes, de la que fue director entre 1949 y 1973, es decir, 24 años. Todo un récord.

En sus comienzos como pintor se acercó a la escuela indigenista de José Sabogal, de la que pronto se apartó para vincularse al grupo de ‘Los independientes’, opositor al anterior. Aun así, siempre dijo: “No soy indigenista, pero sí he pintado mucho al indio”. Aparte de su breve período abstracto de la década de 1970, su pintura fue siempre predominantemente figurativa y de acento expresionista.

Se estima que ha realizado más de 700 obras, entre ellas un buen número de murales, que incluyen el más grande que se haya pintado en el Perú: 14 metros de alto por 9 metros de ancho, titulado ‘Pasado, presente y futuro del Perú’, y que se encuentra en la antigua iglesia Santo Tomás de Aquino. Otros murales suyos están en el Ministerio de Educación, en la UNI y en la Municipalidad de Miraflores. Él mismo se consideró fundamentalmente muralista.

Publicó Lima y lo limeño (1966), Ignacio Merino y Francisco Laso, ensayos biográficos; Pintura y escultura en el Perú contemporáneo (1970), Lima incógnita (1992), entre otros. Monumento Limensis, su último libro, que ahonda en la historia, arquitectura y artes de Lima, salió a la luz el año que Ugarte Eléspuru deshojó su calendario número 91. Hecho sin procedentes porque a esa altura de la vida “ya no se trabaja sino se reza”, según decían los antiguos limeños.

Ugarte Eléspuru recibió numerosos reconocimientos: la Medalla de Oro de la Municipalidad de Lima, así como los premios Nacional de Fomento a la Cultura Ignacio Merino, las Palmas Magisteriales en primer grado, la Orden del Sol del Perú en Grado de Gran Cruz y el distintivo Amauta, entre otros.

En sus últimos años, a pesar de las recomendaciones médicas, trabajó intensamente, incluso de noche. Fue así hasta que un devastador cáncer se lo llevó al territorio del silencio. Contaba 93 años de edad.