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MARTES 19

de noviembre de 2019

INNOVACIONES CONTRA LA POBREZA

¡Solucionémoslo! El D-Lab por dentro

¿Qué hacer frente a las noticias diarias de falta de agua limpia, de acceso a los servicios básicos? En el famoso D-Lab del MIT, un grupo de estudiantes y profesionales crea objetos para solucionar los problemas del mundo.

4/1/2017


Gaby Bustamante

Periodista

Es miércoles y estoy en Cambridge, Massachusetts, EE. UU. Aquí, según el ranking del Times Higher Education 2016-2017, se ubican dos de los más importantes centros de estudios del mundo: Harvard University y el Massachusetts Institute of Technology, el famoso MIT.

Camino por Kendall Square, conocida como “la milla cuadrada más innovadora del planeta”, debido al alto número de firmas start-ups, laboratorios de grandes empresas y el aura de la calidad de innovación que emerge minuto a minuto allí. Precisamente, en este vecindario se encuentra el famoso MIT, con laboratorios, bibliotecas, museos, conferencias y clases con los mejores profesores del mundo.

Laboratorio singular

Es miércoles, son las 11 de la mañana y he llegado ante una puerta de metal que dice D-Lab. Tras esa fría estructura descansa un espacio que congrega gente que hace un real cambio por el mundo.

“¡Solucionémoslo!” es la palabra favorita de su fundadora, Amy Smith, una ingeniera mecánica del MIT que desde muy temprana edad despertó su vocación de servicio y se preocupa por las personas que viven en la pobreza económica.

Tras hacer un voluntariado en Peace Corps por diferentes países del mundo, Smith dijo que desde el MIT podía hacer cosas con un impacto global: Dar soluciones inmediatas (en pocos meses) a problemas reales con materiales de bajo costo y alta ingeniería. Ese es el reto.

¿Cómo lo hizo? Juntó a estudiantes excelentes que quisieran donar sus conocimientos y trabajar por combatir problemas locales con las ciencias. Es así como el D-Lab reúne a estudiantes del área de Boston, los que diseñan, desarrollan y extienden tecnología apropiada para solucionar estos problemas alrededor del planeta.

“Este laboratorio está formado por estudiantes de diferentes partes del mundo, en especial, por mujeres”, cuenta Nancy Adams, la encargada de comunicaciones del D-Lab.

Además, quieren hacer un impacto positivo en el mundo y tienen un alto sentido de reciprocidad. Adams destaca que la mayoría de estudiantes hace proyectos para sus lugares de origen: “los estudiantes buscan devolver”.

Trabajo de campo

Mencionaré a algunos. Kwami Williams es un ingeniero espacial del MIT que nació en Ghana. Emily Cunningham, una economista de Harvard. En el D-Lab a ambos se les encomendó aliviar la pobreza de los campesinos de Ejura, en Ghana. Ellos encontraron que mediante la semilla de un árbol podían hacer un cambio. La moringa es una semilla de alto valor que los campesinos recolectaban para vender, pero en poca escala.

Familiares y funcionales

Williams y Cunningham crearon una tecnología para vender dicha semilla en grandes cantidades y, además, inspirados por el cambio que efectuaron, fundaron Moringa Connect, una empresa que actualmente da empleo a más de 2,000 ghaneses y que gira en torno a la comercialización de dicha semilla.

Cada uno de los estudiantes del D-Lab recibe clases y entrenamiento especial, ya que los productos que crean tienen características específicas.

Por ejemplo, los insumos que utilicen deben ser resistentes, porque serán usados con alta frecuencia y, generalmente, en ambientes agrestes. También, deben cuidar que el proceso de elaboración del producto sea simple, ya que los usuarios tienen que estar en la capacidad de construirlos por sí mismos.

La ingeniera mecánica Sade Nabahe tiene más de 10 prototipos de silla de ruedas para transportar a personas de zonas rurales de África al hospital. Hasta que no sea simple de construir, el proceso de construcción no ha terminado.

Asimismo, los objetos tienen que incorporarse a la vida de su público objetivo; por ello, investigan y se reúnen con los pobladores para conocer sus costumbres y crear objetos que sean familiares a ellos y se adapten a su cotidianidad y cultura.

Todas las creaciones del D-Lab han cambiado la vida de las personas. Muchos de los productos han permitido crear empresas locales e integrar a la población al circuito de valor productivo.

‘Bicilavadora’ de Ventanilla

El D-Lab no es ajeno a los problemas del Perú. Uno de sus más famosos inventos fue creado para el distrito de Ventanilla (el Callao): la ‘bicilavadora’, una lavadora adaptada para un lugar donde no hay luz ni agua potable. Por ello, la energía se activa con el pedaleo de la bicicleta, y el agua fácilmente ingresa en el hueco por donde se introduce la ropa. Además, tiene un caño por donde se desembalsa el agua usada, la que puede ser reutilizada. Con este aparato, la salud de las familias mejora y su impacto en el medioambiente resulta mínimo.

Datos

En su mayoría, los estudiantes son del MIT, pero está abierto a todos los universitarios de pregrado o posgrado de la ciudad de Boston.

Son personas que “se ensucian las manos”: participan en todas las etapas del proyecto, desde la teoría hasta la práctica.

El D-Lab ofrece un tour gratuito todos los miércoles en Kendall Square, en que muestra y explica su trabajo. Más información en https://d-lab.mit.edu.

70%

de los integrantes del D-Lab son del sexo femenino.