El gremio de comunicadores nacionales especializados en el sétimo arte, en el comunicado difundido, mencionó que esta práctica ya la había ejercido la compañía encargada, Eurofilms Perú, en los últimos meses con otros estrenos, como Thrist y The Barney's version. La primera, del coreano Chan-wook Park, apareció en el mercado peruano bajo el título de Rito diabólico, mientras que la segunda, del canadiense Richard J. Lewis, apareció como Un novio para tres esposas y primando en el afiche la imagen de dos personajes secundarios y dejando de lado al protagonista, Paul Giamatti. Desde hace varios días, El Peruano buscó el descargo de la distribuidora, pero no obtuvo respuesta.
Prácticas recurrentes
"Me parece una práctica poco ética en la medida en que se hace una publicidad engañosa y se ofrece en los afiches un producto como algo que no es en realidad. Se vende una película con publicidad engañosa", opina el ensayista Sebastián Pimentel, codirector de la conocida revista Godard!
Gabriel Quispe, del portal www.cinencuentro.com, era de los que no esperaban un cambio de título de Eurofilms Perú sobre el filme de Moretti tras el comunicado de la Apreci. "Solo era una crítica anticipada y una manera de llamar la atención a los espectadores; lo que espero es que se pueda disuadir de continuar con esa práctica con otras películas si es que son conscientes de dejar de hacerlo", comenta.
Los críticos consultados concuerdan que es un viejo hábito de los distribuidores la alteración de los nombres de las películas. El periodista Rodrigo Portales, vicepresidente de Apreci, recuerda que "lo que logran con estas malas prácticas de publicidad a la hora de presentar una película, alterando afiches con el fin de atraer más espectadores, es confundir al espectador, que al final éste resulte engañado". Así, el llamado Rito diabólico no era una película de posición satánica sino una película de amor y vampiros. Y en el caso de The Barney's version no importaron sus buenas críticas obtenidas en el Festival de Cannes.
Portales recuerda que la Apreci, hace unos años, formuló unos reclamos parecidos contra la distribuidora UIP, que trajo a la cartelera peruana una versión censurada de La mujer de mis pesadillas (2007), de los hermanos Farrelly. "Una comedia para mayores de 18 que aquí se puso para 14 años y por eso la pasaron con escenas censuradas", rememora.
Otra mala práctica habitual que se ve mucho últimamente es que solo llegan versiones de películas dobladas y ponen las copias subtituladas "arrinconadas" en horarios difíciles, en pocas salas. "Lo que reduce el número de opciones de quienes quieren ver una película en idioma original y con subtítulos", comenta.
Quispe pone sobre el tapete otras malas prácticas: a veces las distribuidoras de películas norteamericanas difunden por meses publicidad de cintas que finalmente nunca estrenan. U otras, que se estrenan casi clandestinamente, sin publicidad. "El espectador debe de estar como un detective cada semana viendo qué estrenos hay."
Construcción de públicos
Gabriel Quispe considera que las distribuidoras "han de tener presente que se debe respetar la concepción de una película en su exhibición comercial y no estrenarla de cualquier manera". Porque, como agrega, una distribuidora comercial lo que busca es también "un público sostenible", que represente para distribuidoras y exhibidores un nicho de mercado.
"Pero si se estrenan películas con títulos totalmente distintos y con elementos publicitarios que alteran las cintas, ¿cómo se puede construir ese público? No solo es un despropósito contra las obras artísticas sino también es contraproducente para los intereses comerciales de las empresas que comercializan estos productos".
"Presentando la película de Moretti como una comedia convencional confunden al público y provocan la decepción o el rechazo de cierto sector de los espectadores que espera otra cosa. Pero, sobre todo, ahuyentan al público objetivo, al "blanco" al que deberían apuntar con una película así", escribe en su blog Páginas del diario de Satán, el crítico Ricardo Bedoya.
Para Sebastián Pimentel, si bien es cierto que mucha gente "se puede sentir un poco estafada", advierte que al no haber una tradición de protesta entre el público, se puede estar acostumbrando a recibir productos cinematográficos que no son lo que dicen ser.
A pesar de los errores en su publicidad, Gabriel Quispe quiere destacar que Eurofilms Perú ha traído el último quinquenio "grandes películas", "distintas al promedio de cintas de la baja y monocorde cartelera local".