Jueves, 17 de mayo de 2012
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A PROPÓSITO DEL LIBRO EL SECRETO DE LOS LIBERTADORES

La Logia Lautaro


Francisco José del Solar Rojas Doctor en derecho e historiador

Acaba de aparecer el libro El secreto de los libertadores, que trata sobre la masonería y en especial sobre la Logia Lautaro en Argentina, Chile y su observada o cuestionada existencia en el Perú. El autor de la obra es un joven historiador que no quiere probar nada, ni afirmar nada de manera contundente por la carencia o inexistencia de pruebas documentales.
Es, pues, no obstante su corta edad, un historiador positivista, donde el documento es la pieza fundamental para hacer historia, tal como lo exigieron los escritores –más que historiadores– del siglo XIX.
En el caso de la masonería esta carencia no puede ni podrá superarse porque fue, en sus orígenes y hasta avanzado su desarrollo en los siglos XVIII y XIX, una institución secreta, prohibida, clandestina, y, por lo tanto, su accionar e integrantes se cuidaron –en lo posible– de no ser identificados, pasar inadvertidos, etcétera. Había prohibición de elaborar documentos.
Todo esto lo sabe el autor de esta obra que solo pretende llamar a la reflexión sobre la existencia y accionar de la Logia Lautaro en el Perú, traída por el general argentino José Francisco de San Martín y Matorras, en 1820, junto con sus huestes que desembarcaron en Pisco, según él. Y que, año y medio más tarde, propició una insubordinación por la decisión política de pretender crear una monarquía constitucional para el Perú, hecho registrado por los historiadores nacionales.
Si bien es cierto que el origen de las logias Lautaro en América se encuentra en Argentina en 1812, no es menos cierto que ellas no siguieron igual suerte. Faltó un cordón umbilical que fortaleciera la institucionalidad y la entrega de "esencia" masónica de muchos de sus miembros, que más bien se enfrascaron en pleitos personales, envidias políticas y control del poder.
Situación más criticable aún, cuando estamos hablando de hermanos masones del mismo rito: York (inglés). Los pleitos masónicos en el pasado, generalmente, fueron por la primacía del rito, por lo que fácilmente se abría la discusión y división fraternal entre yorkinos y escoceses (origen francés), y también los otros ritos.
El general De San Martín fue víctima no solo de los ataques de sus hermanos yorkinos (lautarianos) sino también de los masones escoceses. Entre los masones hubo partidarios de la monarquía y de la república.
La masonería no imponía ni impone nada, cada hermano masón tenía y tiene su propia opción política y religiosa. La única exigencia y requisito es creer que existe un gran hacedor del mundo: el Gran Arquitecto del Universo (G:.A:.D:.U:.U:.), que identifica a cada uno de los dioses de las religiones existentes con la finalidad de evitar separaciones y superaciones divinas entre ellas.
De ahí que, la logia no impuso nada al libertador De San Martín. Este buscó y pensó que había encontrado la mejor solución al problema político de gobierno para el Perú.
Era una medida de transición (Derecho de transición): de una monarquía constitucional previa para pasar luego a la república. Empero, no fue entendido, comprendido, por lo que fracasó política y militarmente en nuestro país. Fue aprovechado y utilizado, hasta que vio que lo mejor era renunciar y retirarse.
Su ministro Bernardo Monteagudo había sido expulsado del país. A ello, hay que agregar la displicencia que el libertador Simón José Antonio de la Trinidad de Bolívar y Palacios, tuvo con él en la reunión de Guayaquil, "donde sí se dio el verdadero secreto entre ellos", de los libertadores, que hasta el día de hoy nadie puede afirmar el contenido de las conversaciones y acuerdos, si los hubo. Todo lo que hay son especulaciones.
Finalmente, ante la duda que se plantea el joven autor de si la logia Lautaro fue masónica, tenemos que decirle que sí. Careció de patente o constitución es cierto, esto es para que sea oficial, empero, ello fue superado con la voluntad y sangre derramada por los hermanos en su afán de ser libres, independientes, soberanos, fraternos y solidarios frente a los abusos e imposiciones autoritarias o dictatoriales. La historia de la masonería así lo prueba a través de los siglos.
Por último, la Logia Lautaro llegó al Perú en 1818 o 1819 con José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, encontrando el terreno abonado habida cuenta que el rito York se trabajaba –informalmente– desde hacía más de 30 o 40 años en el Perú, cuya simiente habían desarrollado Pablo Antonio Joseph de Olavide y Jáuregui (Lima 1752-Baeza, Jaén, España, 1803), José Javier Leandro Baquíjano y Carrillo de Córdoba (Lima 1751-Sevilla, España, 1817), Toribio Rodríguez de Mendoza y Collantes (Chachapoyas, Amazonas 1750-Lima 1825), quien hizo del Convictorio San Carlos un verdadero templo masónico, formando a muchos jóvenes. El más preclaro fue José Faustino Sánchez-Carrión y Rodríguez (Huamachuco, La Libertad 1787-Lurín, Lima 1825). Es verdad que no hay documentos de la masonería, empero, los masones creemos en lo que queremos creer sin necesidad de la existencia material de los mismos.         


Fecha:22/02/2012
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