En cuanto a los principales beneficios para un cliente están: el acceso al crédito, la cultura del ahorro y mayor seguridad a las transacciones.
Para las entidades del sistema financiero, la inclusión significa ampliar la base de clientes para poder ofertar nuevos productos, segmentar los riesgos, reducir los costos operativos por volumen, entre otros.
Este grado de inclusión financiera en una economía puede medirse desde diferentes perspectivas, utilizando distintos indicadores, entre los cuales destaca, por ejemplo, la medición del total de créditos o depósitos del sistema financiero en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) del país.
También se calcula por el número total de usuarios, por la cobertura geográfica donde se cuenten con agencias y cajeros automáticos a escala nacional, por la cantidad de transacciones realizadas sobre el total de habitantes, etcétera.
El último informe sobre Indicadores de Inclusión Financiera publicado en la página web de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP corresponde a junio de 2011. Allí se muestra el avance de los últimos cinco años.
En un análisis comparativo entre junio de 2006 y junio de 2011, por ejemplo, el ratio del total de créditos sobre el PBI pasó de 18.02% a 28.10%, mientras que el ratio de depósitos totales sobre el PBI aumentó de 22.92% a 30.85%.
El número de puntos de atención del sistema financiero (oficinas, ATM y cajeros corresponsales) se incrementó en 15,182, pasando de 23 a 103 por cada 100 mil habitantes adultos.
Las personas naturales con depósito por cada mil habitantes adultos pasaron de 616 a 839; y en lo que respecta al uso de los servicios financieros se han incorporado alrededor de 1.71 millones de nuevos clientes con deuda crediticia, superando los 4.80 millones totales a junio de 2011.
De esta manera, señala el informe, el número de estos clientes por cada mil habitantes adultos pasó de 182 a 261 en cinco años.
Tales cifras evidencian un avance sustantivo en la inclusión financiera gracias a la sólida situación macroeconómica de nuestro país, fuertemente vinculada al crecimiento ininterrumpido registrado en los últimos años.
Dicho proceso ha permitido otros importantes logros, como la reducción de los niveles de pobreza, mayor inversión, aumento del empleo y mejora en los ingresos de la población.
En tan auspicioso contexto, presenciamos un dinámico y constante crecimiento del consumo, que se ve reflejado en el aceleramiento de la inclusión financiera tanto en Lima como en las regiones, principalmente a través del otorgamiento de nuevos créditos a cada vez más clientes.
En efecto, es el crédito a las personas naturales uno de los servicios financieros más importantes en este proceso de inclusión, donde se viene experimentando un sostenido crecimiento de los denominados créditos de consumo (tarjeta de crédito, crédito personal, etcétera), seguidos de los créditos hipotecarios y vehiculares.
Se trata de aquella facilidad crediticia que en determinado momento necesitamos tomar para realizar la compra de un bien, pagar un servicio, etcétera, al no contar total o parcialmente con el dinero en efectivo para concretar la operación.
Siendo así, resulta importante reconocer en el crédito el papel fundamental que tiene para hacer posible ese objetivo, que finalmente significa bienestar personal y familiar, y, por ende, para la sociedad en su conjunto. Por ello, tarea primera y prioritaria, que motiva esta reflexión, es difundir el valor que tiene para un cliente mantener un buen récord de pagos de las obligaciones crediticias que decidió asumir. Lo que conocemos como el historial crediticio.
Un historial crediticio registra el comportamiento y responsabilidad de un cliente frente a las obligaciones crediticias que ha contraído, almacenando su récord de pagos, puntualidad, capacidad de endeudamiento, productos y servicios utilizados sea que estos estén vigentes, vencidos o cancelados.
Tener un buen historial crediticio permite a un cliente continuar siendo lo que conocemos como sujeto de crédito, manteniendo con esa calificación el acceso a facilidades crediticias que abren ese binomio ideal: oportunidad-inversión, para, con inmediatez, concretar objetivos en el plano comercial, personal, profesional y familiar.
Es fundamental para el cliente valorar ese récord como sujeto de crédito. La ecuación es simple, valoramos positivamente lo que interiorizamos como necesario e importante en nuestra vida, así como valoramos negativamente lo que consideramos nocivo o de nulo aporte para nuestro desarrollo y bienestar personal.
Se trata de difundir con la mayor claridad posible los beneficios y oportunidades que se abren para toda persona que hoy en día califica para acceder a un crédito. A su vez, conocer el impacto negativo que tendrá para nuestro futuro bienestar personal si incumplimos con nuestra obligación adquirida.
Estar hoy en día reportado negativamente en la central de riesgos nos excluye de poder utilizar esta herramienta financiera que nos abre muchas oportunidades profesionales, sociales y familiares.