No obstante que ha transcurrido más de medio siglo de su publicación, la obra de Isaac Asimov continúa siendo un referente ineludible para la ciencia ficción mundial, a pesar de los inevitables críticos y detractores de la misma.
Una explicación de esta preferencia por parte del público podría encontrarse, entre otras razones, en la habilidad de Asimov para desarrollar tramas plenas de intriga y emoción, las cuales plantea como acertijos o enigmas en los que el lector acaba participando, como si fuese un protagonista antes que un mero espectador.
Asimov lograba conseguir ese efecto con elementos mínimos, casi paupérrimos. Precisamente, El fin de la eternidad es una de esas novelas en las que la trama sobrepasa las limitaciones del escenario, aun cuando dicho escenario no sea otro que el mismo tiempo.
En el futuro, la humanidad ha descubierto la manera de desplazarse en el tiempo. Tras el descubrimiento, surge una institución que buscando el mayor bien posible se permite a sí misma intervenir.
Asimov nos ofrece sus reflexiones en torno al libre albedrío y lo que implica su ejercicio, es decir, la elección entre una libertad plena de riesgos o una seguridad insípida que solo puede llevarnos a la decadencia.
Ficha técnica
El fin de la eternidad
Isaac Asimov