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ELVIRA ÁLVAREZ OLAZÁBAL
“Busco que la situación de un niño mejore”
Esta jueza superior tiene 30 años laborando en el Poder Judicial, y su principal preocupación es trabajar por el bienestar de las familias.

Sus años en el colegio María Auxiliadora en el Callao, al lado de monjas salesianas, forjaron su carácter de mujer autónoma y libre pensadora. La educación, un poco 
Elvira Álvarez Olazábal tiene 55 años, es jueza superior de familia y trabaja en una de las dos únicas salas especializadas que existen en el Perú. Llegan a sus manos casos de violencia familiar, adopciones, abandono, divorcios, separaciones, patria potestad, pensión de alimentos y adolescentes infractores de la ley penal. Tiene 30 años en el Poder Judicial, y como magistrada, provisional y titular, casi dos décadas.

Solo en el 2013 en esa sala resolvieron más de 1,600 casos. De ese total, cuenta ella, el 55% fue de violencia familiar, 20% de divorcio y 10% de infracción penal. Un conglomerado de historias trágicas con finales felices o infelices son las que escucha y protagoniza Álvarez. Una heroína anónima de nuestros días porque nada la detiene cuando se trata de salvar una vida. De 8 de la mañana a 5 de la tarde su ánimo no decae, a pesar de momentos que le quebraron el alma algunas veces.

“Siento que colaboro con un granito de arena para que la situación de un niño, adolescente o una familia mejore. Para mí es eficaz administrar justicia para ellos y, sobre todo, para la niñez. He sentido una plena realización profesional cuando logro que una madre recupera a su hijo, o cuando un pequeño es capaz de decir que prefiere vivir con su abuelo porque las discusiones de sus padres separados lo hacen sufrir”, comenta.
Tal vez la razón de su persistencia se encuentre en la frase “Nunca te rindas, la vida siempre te da una oportunidad”, detenida en su inconsciente que aparece con vigor cuando enfrenta escollos en algún caso. Aquella es una de las muchas frases que le dijo su madre, una camaneja de bríos que con sus actos le demostró que podía hacer lo que se propusiera, cuenta. Mientras que la elección del derecho como una forma de vida se lo debe a su padre, arequipeño, y sibarita en las artes y letras. Un lector voraz, recuerda.
Para la magistrada, la Corte de Lima no es un edén, lo reconoce, es un espacio difícil y complejo, pero es su lugar de realización y esfuerzo. “Es el ámbito que elegí para dar mi mejor cuota de esfuerzo. Es trabajo y empeño”, afirma. Tal vez por eso ella aspira a ser jueza suprema. Pero eso, dice, está en manos de Dios. Él decidirá. Mientras tanto, según sus palabras, seguirá en la búsqueda de justicia y fraternidad entre las personas. Como el de aquellos hermanos que, a pesar de tener a sus padres vivos, se peleaban por la herencia familiar.


HOJA DE VIDA

Estudié derecho en la UNMSM (1976-1981).

Soy magíster en derecho Civil y Familia con la tesis Divorcio, separación de hecho, también de la UNMSM.

Gané una beca para estudiar Derechos Humanos en el Aula Universitaria Iberoamericana en España.

Soy parte de la agrupación Jueces por la Democracia.

“A veces me duele en el alma no poder darle a una persona la justicia que busca.”



Publicado: 02/04/2014
conservadora que recibió, la motivó a ejercer sus derechos como mujer para hacer realidad los sueños.
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